Búsqueda de la felicidad

Caminante USAC

—Por Olmedo España.
La pregunta que los filósofos se han hecho desde hace siglos es ¿qué hay de malo en la felicidad?, lo que es comparable a preguntar ¿qué hay de cálido en el hielo y de hediondo en la rosa? O sea que la felicidad es lo contrario a la maldad. Es la ausencia del mal.
Se dice comúnmente que en un país desarrollado por su índice de prosperidad material se puede ser feliz. Pero resulta que no hay relación entre riqueza y felicidad. Podría tener los bienes más inmensos de riqueza material, pero ser infeliz. El éxito material no es siempre sinónimo de felicidad. Los ejemplos sobran en las comunidades donde se comparte afectividad.
La relación entre crecimiento económico y felicidad es cuestionable. Porque a más desarrollo hay más automóviles y más accidentes, más depresiones y más antidepresivos. Si el agua se deteriora, entonces gastamos más en agua embotellada. Por eso Roberto Kennedy dijo: “Nuestro PIB no cuenta en sus cálculos la contaminación atmosférica, la publicidad del tabaco y las ambulancias que van a recoger a los heridos. Conlleva la destrucción de los bosques que se sustituyen por urbanizaciones caóticas y descontroladas. La televisión ensalza la violencia con el fin de vender juguetes a los niños. Pero necesitamos que este PIB rebele la salud de nuestros hijos, la calidad de la educación, la belleza de nuestra poesía, la solidez de los matrimonios, nuestro valor, la sabiduría o cultura. O sea, el PIB mide todo excepto lo que hace que valga la pena vivir la vida”.
Y resulta que la mitad de los bienes cruciales para la felicidad humana, no tienen precio de mercado y no se venden en las tiendas. No encontraremos en un centro comercial el amor y la amistad, los placeres de la vida hogareña, la satisfacción de servir a los demás o de ayudar al vecino en apuros, la autoestima del trabajo bien hecho, el aprecio, la solidaridad y el respeto. En las tiendas de ropa o de electrodomésticos o de carros, no lograremos comprar la fraternidad, el afecto ni la empatía por el otro.
Lo curioso y contradictorio es que ganar dinero para comprar aquellos bienes que están en las tiendas nos supone una pesada carga de tiempo y energía que podríamos invertir de mejor manera en la obtención y disfrute de los otros bienes no comerciales.
Lo que significa que bien puede suceder que lo que se pierda supere lo que se gane, y que la infelicidad causada por la reducción del acceso a los bienes que el dinero no puede comprar supere la capacidad del aumento de los ingresos de generar felicidad.