Educar en tiempos de pandemia

—Por Carlos Chúa.

En diciembre del 2019, se reportan en una ciudad de China extrañas muertes de carácter respiratorio, graves y de curso relativamente rápido. El origen es viral, y el tipo infectante es el coronavirus SARS-CoV-2, que provoca la enfermedad denominada covid‑19. La ciudad es Wuhan, capital de la provincia de Hubei, China central, en donde viven alrededor de 11 millones de habitantes, una metrópoli que constituye un importante polo de desarrollo económico, financiero, comercial, cultural, educativo y científico de este país asiático. Allí, por decir algo modesto, existen 350 institutos de investigación científica, 1 656 centros de desarrollo tecnológico de punta y muchas universidades, entre las que sobresalen la Universidad de Wuhan y la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong.

La nueva enfermedad respiratoria se originó en un mercado mayorista de mariscos, donde también se ofrecen animales exóticos comestibles, como murciélagos y pangolines, a los que rápidamente se les consideró animales reservorio, en donde se modificó la patogenicidad del virus. La reacción del gobierno chino fue rápida. El 23 de enero del 2020, la población de la provincia de Hubei estaba totalmente confinada. Pero la enfermedad covid-19 migró rápidamente hacia Europa, donde comenzó a causar estragos, principalmente en la población adulta mayor de España, Italia y Alemania. 

El “viernes 13” de marzo, se descubrió el primer caso clínico en Guatemala, proveniente precisamente de Europa. La covid-19 se empezó a extender rápidamente en el país, como ocurrió también en otros países centroamericanos y latinoamericanos, donde la frecuencia y gravedad de los contagios ha dependido de las medidas sanitarias impulsadas por los diferentes gobiernos, pero sobre todo de la infraestructura de salud pública existente. Me refiero a la atención primaria, al número de profesionales en salud del país, su distribución, a la cantidad de puestos, centros de salud, hospitales, hospitales de especialidades y especialistas en cuidados intensivos y neumología.

La covid-19 ha creado una crisis mundial al convertirse en una pandemia inédita. Las repercusiones no se han manifestado solo en la salud, sino en la economía, la movilidad, el turismo, el comercio, la producción, la ciencia, la psicología, el trabajo y la educación. A esta última nos referiremos a continuación.


🔴 Conversatorio: La Reforma Universitaria en lo académico.

🔴 Conversatorio: La Reforma Universitaria en lo académico. Conversan: Ing. Alfredo Beber, representante docenteLuis Ayala, representante de trabajadoresDiego Turcios, representante de la AEUArmando Castillo, representante del Colegio EPA Presenta: Dr. Alberto García González Modera: Dr. Mario Roberto Morales___#CaminanteUSAC #DDAUSAC #DIGED #JuntosSaldremosAdelante #UnidosContraElCoronavirus #QuédateEnCasa🌐 http://caminante.usac.edu.gt/https://diged.usac.edu.gt/

Posted by Caminante USAC on Tuesday, September 1, 2020

El coronavirus prácticamente tomó por sorpresa al mundo entero. La reacción inmediata fue contener la enfermedad para disminuir la mortalidad y la diseminación. Las escuelas, institutos, universidades y centros científico- tecnológicos fueron reaccionando de acuerdo con sus posibilidades financieras, acercamientos tecnológicos y experiencias con la educación virtual. Es decir, las instituciones educativas económicamente fuertes, entre ellas universidades, escuelas privadas y colegios con plataformas educativas virtuales, reaccionaron rápido y consistentemente. Pero las universidades, escuelas públicas y colegios de poca capacidad financiera continúan trastabillando con plataformas, aulas virtuales y enlaces digitales, que han sido difíciles de incorporar a la mentalidad tradicional del salón de clases con el maestro al frente en un podio, un pizarrón para marcadores de tinta, equipos de proyección visual e incluso pizarrones y tizas de diferentes colores.

No es hasta el mes de abril, que el Ministerio de Educación de Guatemala

–MINEDUC– implementó la estrategia “Aprendo en casa”,consistente en cápsulas educativas transmitidas por radio y televisión, que son complementadas con guías de autoaprendizaje para estudiantes de tercero a sexto primaria, así como para estudiantes de nivel básico y diversificado. Todo ello con una fuerte participación de los padres de familia, principalmente de la madre. En todo el material de esta estrategia, se indica que debe ser guardado, pues forma parte de la evaluación estudiantil.

En el mismo mes de abril, se distribuyeron 2 854 028 guías de autoaprendizaje, para todos los niveles educativos, guías alineadas con el Currículum Nacional Base –CNB–. De estas guías, ya se han repartido, en su segunda edición, casi igual número de ejemplares, solo que incluyen las principales lenguas mayas. Se supone que los casi 130 000 docentes que tiene el Ministerio de Educación Pública las conocen y utilizan.

La escuela primaria pública ha sido la más afectada, sobre todo en las áreas rurales del país. No todas las familias disponen de una computadora en sus casas.  Y si bien pudieran tener un teléfono celular, la comunicación virtual por WhatsApp, Facebook, YouTube y otras plataformas es limitada. Los maestros dejan pequeños mensajes a sus alumnos y cada cierto tiempo entregan tareas a domicilio, que recogen ya resueltas semanas más tarde. Los líderes magisteriales, acostumbrados a las huelgas y a las manifestaciones masivas en contra o en contubernio con autoridades políticas centrales, han brillado pero por su ausencia.  Por otro lado, en los colegios privados, más acostumbrados a novedosas tecnologías educativas, el cambio ha sido menos problemático. El coronavirus los sorprendió, cierto, pero de alguna manera estaban preparados. Los problemas se han limitado a aspectos financieros: pago de matrículas, mensualidades, libros y transporte. Este último se vio reducido prácticamente a cero, de tal suerte que los pilotos de autobuses escolares y su sostenibilidad financiera se han visto seriamente perjudicados.



A nivel de secundaria, la crisis ha golpeado fuerte, sobretodo en el sector público.  En el sector privado, el impacto ha sido menor gracias al conocimiento tecnológico de coordinadores y autoridades en el uso de plataformas virtuales y tecnologías educativas. El e-Learning es una modalidad que ya conocían bastante, y tanto alumnos como profesores la contemplaban entre sus dominios. Pasado más de la mitad del año 2020, los seminarios estudiantiles del bachillerato están desarrollándose mediante Zoom, Meeting u otros espacios virtuales, donde con ayuda de un experto se discuten los temas asignados. Las grabaciones de estos trabajos son presentados a los maestros, quienes evalúan y califican con evidencias demostrables.

En la educación universitaria, el problema igualmente ha sido serio y grave. Las universidades privadas, sobre todo aquellas con gran manejo tecnológico, han sabido sortear la crisis si no totalmente, por lo menos en parte. Ha sido de enorme utilidad que los estudiantes sean precisamente los denominados millennials, que tienen entre 17 y 24 años, la mayoría de ellos nacidos alrededor del 2000, casi simultáneamente con el surgimiento y perfeccionamiento de las redes sociales y de la educación virtual. En la universidad pública el impacto ha sido más profundo. Los cambios han sido lentos y la reacción, tanto de autoridades como de docentes, trabajadores de la administración educativa y estudiantes, ha sido más cadenciosa y difícil de consensuar.

Para fines de marzo del 2020, la epidemia de covid-19 había afectado aproximadamente a 23.4 millones de estudiantes de nivel superior en América Latina, y en torno a 1.4 millones de docentes. No hay estudios en Centroamérica y en especial en Guatemala, pero se estima que tan solo un 20% de los profesores universitarios en el país  eran competentes en ese entonces para el manejo del aprendizaje virtual. Si bien es cierto que las autoridades universitarias se han preocupado cada vez más por el proceso de enseñar y aprender en el espacio virtual, lo es también que el cambio no es fácil, en especial cuando existe inestabilidad en las disposiciones político-educativas y sanitarias, tanto del gobierno nacional, como del gobierno universitario.   

En el aprendizaje de las ciencias de la salud, por ejemplo; es extraordinariamente complicado aprender las ciencias clínicas, que usualmente se efectúan de forma presencial en instituciones de salud como hospitales y clínicas comunitarias, por cuanto que es observando, palpando y analizando una historia clínica de frente al paciente como tradicionalmente se ha llevado a cabo. “Es el paciente el que enseña” y “ningún paciente es igual a otro” han sido frases vigorosas de la semiología clásica.

En la medida en que la pandemia se ha ido prolongado y los conflictos de diversa naturaleza se han hecho más complejos, nadie piensa ya en retornar pronto a las “clases” tradicionales. El rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala ha declarado el año 2020 prácticamente como “virtual”, desde los exámenes de ubicación y nivelación hasta el ciclo académico de todas las facultades, escuelas no facultativas y centros regionales. Lejos estamos aún de dominar la pandemia.  Y aunque la vacuna está cerca, la inmunización no podrá ser mundial y pronta.  Los expertos más connotados anuncian que podría ser efectiva, pero no antes de empezar el año 2021, y Guatemala no es un país prioritario para el inicio de la vacunación, como podrían serlo los países altamente desarrollados de Asia, Europa y Norteamérica. Así que la vuelta al classroom anterior al 2020 parece estar lejano, lo que da pie a desarrollar una revolución educativa profunda.

Existe, pues, una necesaria educación virtualizada por el momento, con todo y sus deficiencias y generación de estrés. El empuje hacia este cambio es irreversible y será permanente. Podríamos optar a formas presenciales y virtuales, pero de aquí en adelante, la virtualidad ocupará espacios importantes en la formación profesional y técnica. Como siempre, los estudiantes serán los mejores motores para cambiar, porque en ellos el “chip”, por decirlo de alguna manera, está instalado en su programación cerebral, y las autoridades y docentes tenemos que seguir “la onda”.

Estamos pues frente a una universidad diferente, no presencial. Transitamos del campus universitario hacia los sitios de la web. Las instituciones educativas se han visto revolucionadas por una pandemia de la que aún se sabe muy poco. El tiempo, ese sujeto sin forma y sin espacio, juzgará nuestros aciertos.

1 pensamiento sobre “Educar en tiempos de pandemia

  1. Buena descripción, análisis y reflexión.
    Felicidades estimado amigo Carlos Augusto Chúa Lopez.
    Te mando un fuerte y cariñoso abrazo, virtual obligado.
    Desde Guanatos, Jalisciense.
    Tu amigo Francisco Valadez

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