Ataque frontal al Homos economicus

Caminante USAC

—Por Julio Hernández Estrada.


Toda la vida, las empresas obtienen los ingresos de los consumidores, a través de ofrecer productos y servicios, atractivos, aunque inútiles. El Homos sapiens, se deja cautivar por las apariencias, cosas brillantes, de muchos colores, sabores y olores, para presumir ante su tribu, comunidad y sociedad, la posesión de las cosas.

El supuesto fundamental de la economía clásica, es que el consumidor es un ente racional, pero cuando consume, se transforma en irracional. Hoy día, en plena era digital, con conocimientos de economía, psicología y neurociencia, se podido entrar a la menta de los consumidores, apalancados por los mega datos de las redes sociales, y ofrecer a cada consumidor lo que ha mostrado, son sus preferencias. Netflix, Facebook, twitter y otros, han indicado que su mayor enemigo es el sueño de los consumidores, porque dejan de consumidor. Productos y servicios, anunciados como gratis, es una apariencia, una trampa, para seguir consumiendo.

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¿Cómo es posible que esas grandes corporaciones digitales multinacionales, se han vuelto multimillonarios, ofreciendo productos gratis? Todas, ganan, al permitir que los usuarios de redes, chats, etc., dejen penetrar publicidad. Unos segundos del mundo, lo que antes no sucedía. Han desarrollado, algoritmos, con sonidos, luces, etc., para captar la son suficientes, para influir y captar la atención de miles de millones de consumidores, alrededor atención de los usuarios. A media noche, suena una señal que indica que entro un mensaje, y el usuario-consumidor, semi despierta, para ver su mensaje, que seguramente, es inocuo, intrascendente, pero lo lee, y vuelve a dormir. Como escapulario, rosario o cualquier otro artefacto religioso de antaño, hoy los que caen en brazos de Morfeo, llevan a todos lados, su celular; lo ponen bajo la almohada, en su mesa de noche, en sus zapatos, o donde sea, que esté cerca, para no perderse ningún mensaje.

Aunque no lo conteste, pero se entera, por pura y simple adicción, obsesión a estar conectado permanentemente. Antes, se estudiaba el comportamiento humano, para aumentar las ventas de cualquier producto. Ahora, se estudia el funcionamiento del cerebro, para influir en las compras de los consumidores. Todo ello, aunado, a la manipulación de grandes datos, de redes y chats, donde los usuarios se confiesan, exponen, dan nombres, ponen fotos, manifiestan sus creencias religiosas, políticas y deportivas, preferencias sexuales, prejuicios, estados anímicos de cólera, alegría y esperanza.

La sumatoria de las partes, de seres parecidos, constituyen una gran comunidad de consumo, factible de ser influida, por noticias falsas y héroes prefabricados, para dirigir una nación o el mundo entero. ¿Hasta dónde llegará esta locura digital? ¿Cómo parar el mundo, que gira y gira, a velocidades exorbitantes? La única manera, es cobrar conciencia de lo que ocurre, y poco a poco, uno a uno, salirse de la locura colectiva, mundial, y progresiva. La humanidad, y su desarrollo científico y tecnológico, ha llegado hasta donde está, pero las empresas, han pervertido el avance, hasta colonizar las mentes de los consumidores, y moverlos, como títeres, en un pequeño teatro artesanal, que ahora es el mundo.

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