Naturaleza, ¡te traicionamos la ciencia, la religión y la política!

Caminante USAC

—Por Cristóbal Pérez-Jerez.

Lo que causa mayor admiración de las virtudes del ser humano son sus cualidades de comprensión de los más recónditos secretos de la naturaleza. El ser humano es el amo y señor de la naturaleza desde que logró controlar completamente las ciencias naturales. Lo que causa mayor perplejidad sobre el ser humano es su incapacidad para comprender y elaborar relaciones de cariño, respeto y colaboración equitativa con otros seres humanos, y lo que mayor conmoción causa es su absoluto irrespeto y crueldad frente a otros animales y especies.

Por esa razón, Luis Zurita, en su impresionante y comprometido ensayo “Desarrollo sostenible”, aparecido en el enjundioso y polémico texto colectivo “Pensamiento universitario contemporáneo” editado por la siempre autónoma Universidad de San Carlos, señala como la ciencia, la religión y la política como grandes paradigmas de la humanidad se han enredado y descolocado de su misión principal de generar seres humanos responsables, conscientes y amantes de este hermoso planeta que nos ha dado albergue y vida; y al que estamos poniendo en elevado riesgo.

Otro gran pensador, Yuval Noah Harari, se admira de cómo el humano en su afán de consumo descontrolado, crecimiento poblacional y eficiencia productiva termina infravalorando la vida y las experiencias del resto de animales, sometiéndolos a la esclavitud, la violencia, la explotación más salvaje y la extinción cuando ya no son útiles (“Homo deus”).

Se pregunta Harari, sí cuando las redes de la inteligencia artificial generen acciones que reduzcan nuestra importancia nos daremos cuenta que no somos la cúspide de la creación. Aunque, en general, somos lo suficientemente presumidos para pensar que es importante destruir el planeta y luego largarnos a otros mundos y perpetuar la especie de los más salvajes depredadores: nosotros.

Uno de los científicos más respetados Steven Hawking decía en una entrevista “…que tendremos que colonizar el espacio si queremos evitar la catástrofe” (la catástrofe no es eliminar las condiciones de vida en el planeta, destruir el mundo y asesinar a todos los animales, según el endeble Hawking, la catástrofe sería que se extinga el culpable), en esa entrevista este genial físico se muestra “…optimista sobre las perspectivas de establecer colonias autosuficientes en Marte y creer que la especie humana eventualmente se extenderá más allá de los confines más lejanos del universo. (BBC, entrevista, 2012). ¿Será que tiene razón Patrick Ness? “Por qué los humanos son monos tan complicados, …creen mentiras consoladoras cuando conocen muy bien la dolorosa verdad” (“The Monster calls”).

Hay un tema terrorífico en el estudio del llamado desarrollo sostenible. Pocos autores se atreven a mencionar que el problema de la supervivencia de la vida en la tierra tiene un personaje común, y que es el monstruo que amenaza la vida en la tierra. Este demonio portentoso se llama aumento desmesurado, acelerado y depredador de la población humana. El crecimiento es escandaloso, en 1900 éramos ya un número portentoso, mil 650 millones de habitantes en el mundo; pero hoy somos 7 mil 700 millones. Podríamos imaginar, que en forma increíble hoy están vivos el 80% de todos los humanos que han vivido en la tierra los 2 millones 500 mil años en que los homos han habitado el planeta.

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El humano comenzó su control de la naturaleza y la consolidación de su poder social e individual hará 12 mil años, en ese tiempo abandonó su costumbre de nómada, y por el aumento de su capacidad de producción y conocimiento inicial ubicó su residencia en forma permanente a la orilla de los ríos y lagos. Ese fue el inicio del fin de la vida en la tierra, el humano descubrió la agricultura, y fomenta la primera gran revolución social, la revolución agrícola. Al comprender cómo sembrar y cosechar, el humano empezó la quema de bosques para usarlos en la producción de alimentos, con la quema de bosques inició su poder de control y eliminó nidos de aves, refugio de mamíferos y eliminación de insectos. Simultáneamente, empezó la construcción de viviendas y aldeas más grandes, provocando nuevas quemas de bosque y nuevos avances en su dominio, hasta que pudo dominar y domesticar algunos animales, que desde ese momento sufren de escarnio, violencia, muerte, explotación y violación de sus sentimientos naturales.

En los últimos 200 años el humano descubrió el uso del agua potable, el saneamiento de las urbanizaciones humanas, así como medicina poderosas que han derrotado las naturales enfermedades que mantenía el equilibrio natural, tales como la vacuna, los antibióticos y analgésicos, todo lo cual prepara al humano para la prolongación artificial de su vida y lo convierte de humano en dios.

Lo señala claramente Zurita, estos avances permiten que la población humana se incremente más que aceleradamente, generando la destrucción de la matriz materna que le dio vida. Es más, la explosión demográfica exige urbanizaciones gigantes que destruyen la naturaleza, y el humano se muestra indolente e indiferente a la destrucción del suelo que le da vida. “Desde que pusimos la mano en el arado y domesticamos a los animales nos convertimos en una especie depredadora, colonizadora y destructora de mundos, pues, más allá de la apariencia, los instintos ciegos e impulsivos rigen nuestro destino”.

 Como diría el conejo del País de las maravillas:
“Pero, ¡son muy crueles!
ya que sin fijarse en el apacible tiempo
ni en el ensueño de la hora presente,
¡exigen una historia de una voz que apenas tiene aliento,
tanto que ni a una pluma podría soplar!”

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