El valor de lo humano

Caminante USAC

—Por Santos Barrientos


No se puede pensar que el ser humano es simplemente inmutable, porque las manifestaciones del Ser en el tiempo corrigen el valor que se le atribuye a la esencia misma. Tampoco se puede caer en ideas utopistas o metafísicas para entender las diferentes manifestaciones de la naturaleza humana. El humano, en tanto un ser social por naturaleza, busca su encuentro en un mundo unívoco donde, pocas veces, encaja. El humano, es pues, la condición individual por naturaleza, pero nace su integración al mundo a través de las colectividades inmersas en el desarrollo. 

Todas las sociedades progresan, algunas muestran un progreso servil al ordenamiento económico capitalista, porque esa es su razón de subsistir en el mundo globalizado, su espiritualidad o valor es uniforme al capital fluctuante; mientras que otras sociedades progresan con el capital, pero sin servir al mismo, es decir, sin rendir tributo a la economía. Y es que el progreso no debe entenderse como un mero sistema económico; están los valores históricos y sociales que conllevan a un ordenamiento constructivo. 

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La búsqueda constante por el desarrollo también ha sido suficiente para los totalitarismos sociales, las guerras y diferencias entre sociedades. Pero la humanidad busca su valor, aunque así signifique el encuentro con lo solitario. Es, de ese modo, como el individuo se opone a lo social o se esconde de las grandes colectividades programadas para no ser libres, aunque la libertad implique sólo una idea en oposición a lo que pensase Rousseau. 

La idea de la libertad inmersa en la justicia y está en la felicidad; en tanto que esto último sólo es posible cuando la justicia como ideal muestra su esencia panegírica de la democracia moderna, es como la humanidad puede encontrar un valor predominante ante las reminiscencias de órdenes aislados y antidemocráticos.

El enfrentamiento hostil y obligado al que acude el ser humano por su instinto primitivo, encuentra su regulación en órdenes sociales creados por unanimidad y voluntades mayoritarias para el establecimiento de sociedades democráticas, aunque por el momento solo sean formas por alcanzar, determinaciones de valores, quizá, más altos de los que el ser humano interpreta. 

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