Palabras de bienvenida al Primer Congreso Centroamericano de Literatura

Caminante USAC

«Un texto literario, a diferencia de un periódico, jamás puede ser verdadero o falso, sino oportuno o infructuoso».

—Por Matheus Kar.


↓Buenas noches, señor rector Murphy Olimpo Paiz, decano Walter Mazariegos Biolis, autoridades de la Universidad de San Carlos de Guatemala, de la Facultad de Humanidades y el Departamento de Letras, escritores invitados, estudiantes y  público presente. Para el Departamento es una alegría y un honor presentar el Primer Congreso Centroamericano de Literatura, el cual tiene el propósito de difundir la literatura centroamericana y promover la lectura crítica y académica de los trabajos literarios de nuestros autores, para fortalecer la cultura, la expresión artística y el pensamiento crítico. En esta primera edición, el congreso se desarrollará del 2 al 4 de mayo del año en curso, en las instalaciones de la Universidad de San Carlos de Guatemala, con talleres, conversatorios, ponencias y lecturas dirigidas a los universitarios, invitados y público en general.

Entre los cuentos y leyendas de las fronteras entre países, hay la historia de uno que transportaba montañas de productos de uso diario en una carretilla, día y noche, de un lado para otro, como Juan por su casa. La migra, como le dicen, sospechaba de la legalidad del producto transportado. Todos los días, los inspectores revisaban la documentación, pero todo estaba en regla; revisaban la montaña de materiales, producto por producto, a veces los abrían o se quedaban con uno para ver si no escondían otra cosa, pero era inútil. El hombre se alejaba sonriendo, como triunfante de una travesura, y los inspectores se quedaban perplejos, derrotados en un juego que no entendían. Tardaron mucho en descubrir que las carretillas en las que transportaba el material eran robadas.

Los inspectores de los críticos literarios han sido más afortunados. Siempre logran encontrar críticas en los críticos. Las credenciales creativas siempre parecen insuficientes, pues se les achaca a los críticos literarios nunca haber escrito algo de verdadero valor cultural. Que, en muchos casos, manejan fuentes de segunda mano, recetas rusas o checas, que, en tal o cual caso, no hacen más que poner en sus propias palabras. Saquean bibliotecas como si fueran suyas. Entran y salen por los dominios literarios sin respetar jurisdicciones. Y muchos les preguntan, ¿cuál es su dominio o autoridad en la literatura, si son mejores críticos el fuego, la humedad y las polillas? Escriben bien, pero no gustan. Vienen de los libros, pero nunca regresan a ellos. El trabajo de los críticos literarios se parece mucho al mesero de un restaurante, no cocina ni prueba, por así decirlo, ese platillo tan solicitado o ignorado; su trabajo se limita a limpiar la mesa,  entregar el menú y de vez en cuando incidir en la decisión del cliente.

En pocas palabras, el crítico literario lleva la carretilla con gracia, pero no lleva nada. Aparentemente. Se ha generalizado, y no es ningún secreto, el odio por los críticos literarios. Los verdaderos críticos literarios. Si los poetas no saben lo que dicen y sin embargo siempre dicen, como es sabido, las cosas antes que los demás. El crítico literario, por el contrario, es aquel que sí sabe lo que dice y siempre lo dice antes que los demás, con la diferencia de que nadie lo quiere escuchar.

«Los poetas descubren palabras o combinaciones de ellas. El crítico, por otro lado, descubre poetas o escritores, o los dos casos. Qué habría sido de nosotros sin las metáforas clericales de Emily Dickinson, sin la prosa de Franz Kafka o la beligerancia de Andrés Caicedo».

En estos tiempos donde el capitalismo y sus prácticas impunes, tanto económicas como humanas, donde el mercado literario lo dirige la publicidad y no las neuronas, es el crítico desde su posición quién debe ser el último bastión de resistencia. George Steiner, Octavio Paz, Enrique Vila Matas, Susan Sontag, Guillermo Sheridan, Gabriel Said, Enrique Kraus, Thomas Sterns Eliot, Francisco Albizures Palma, Catalina Barrios, Margarita Carrera, Lucrecia Méndez de Penedo o Luz Méndez de la Vega, al igual que un kamikaze, han puesto la mano sobre un libro de Cervantes o Shakespeare y han jurado decir toda la verdad y nada más que la verdad y defender este extraño producto que se nos incendia en la palma de la mano, que no es otra cosa que el lenguaje.

De los futuros críticos literarios y presentes estudiantes de Lengua y Literatura depende el lenguaje. Porque la literatura es una crítica de la realidad, y la realidad una crítica de la literatura. Sin este diálogo, nos quedamos sin palabras, sin poder simbolizar cada uno de los acontecimientos que nos cohesionan y nos encapsulan en un tiempo determinado. Hablar mucho de algo, decía Octavio Paz, también es quedarse callado. Que sean los periódicos que hablen en voz alta. A los críticos, también lectores, les compete leer. Luego de eso, habrán entendido que no es necesario hablar tan alto. Porque un texto literario, a diferencia de un periódico, jamás puede ser verdadero o falso, sino oportuno o infructuoso.

Hoy recordamos a los críticos por las obras que descubrieron. Es su trabajo descubrir otros Cervantes, otras Emily Dickinson y algunos Celan, de esa manera jamás serán olvidados. El peor crimen de un crítico es el compadrazgo, leer con el hígado o el sentimentalismo, pues está firmando su sentencia de muerte. Al final, esta es su carretilla, nadie sospecha que lo que sostiene y transporta todas esas reseñas, análisis y lecturas es el deseo (como cualquier otro) de alcanzar la escurridiza inmortalidad. Por esta razón, si quiere inmortalizarse, deberá sacar su pequeña lamparita y alumbrar algunas páginas de eso que llaman Literatura.

Roberto Bolaño alguna vez escribió: «Durante un tiempo la Crítica acompaña a la Obra, luego la Crítica se desvanece y son los Lectores quienes la acompañan. El viaje puede ser largo o corto. Luego los Lectores mueren uno por uno y la Obra sigue sola, aunque otra Crítica y otros Lectores poco a poco vayan acompasándose a su singladura. Luego la Crítica muere otra vez y los Lectores mueren otra vez y sobre esa huella de huesos sigue la Obra su viaje hacia la soledad. Acercarse a ella, navegar a su estela es señal inequívoca de muerte segura, pero otra Crítica y otros Lectores se le acercarán incansables e implacables y el tiempo y la velocidad los devoran. Finalmente la Obra viaja irremediablemente sola en la Inmensidad. Y un día la Obra muere, como mueren todas las cosas, como se extinguirá el Sol y la Tierra, el Sistema Solar y la Galaxia y la más recóndita memoria de los hombres».

Con estas palabras, el Departamento de Letras les da la bienvenida al Primer Congreso Centroamericano de Literatura.

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